04/01/2021

La oportunidad de colaborar con una nueva constitución

por Sergio Bitar

El triunfo arrollador del “Apruebo” en el plebiscito del 25 de octubre, abre un camino institucional
y pacífico para superar las divisiones y redactar una nueva Constitución. En el plebiscito de 1988, el
54% votó por terminar con Pinochet; en 2020 el 78% voto por terminar con la Constitución de su
dictadura.
Se inicia ahora una nueva etapa de la historia política y emergerá otra generación de líderes. Nace
la oportunidad para convenir nuevas formas de vida en común, relevar los valores que nos unen y
reformar la estructura del poder. Y esa labor se realizará en una Asamblea constituyente que se
elegirá en abril 2021 y, por vez primera en el mundo, estará compuesta por igual número de
hombres y mujeres.
Dos grandes propósitos dominarán las deliberaciones: la demanda por mayor participación con una
distribución más equilibrada del poder, y la conquista de mayor igualdad real de derechos. La gran
aspiración de la mayoría es configurar un “estado social de derecho” que conduzca a un nuevo pacto
social.
El éxito final dependerá de la unidad electoral de los partidarios del cambio para lograr una mayor
representación en la Asamblea, y la inteligencia y responsabilidad para articular un nuevo consenso
nacional. No será fácil, pues el debate constitucional ocurrirá en medio de una crisis sanitaria y
económica; y estará jalonado de 5 elecciones: gobernadores, alcaldes, diputados, senadores y
presidente de la República. Sin embargo, hay fortalezas.
Una Constitución para el Siglo XXI
Chile cuenta con capacidad institucional para procesar las controversias y existe disposición al
acuerdo. La cultura política chilena es reformista, y a la vez moderada. Los partidos fueron capaces,
en 2019, luego de una gigantesca movilización social, de un gran entendimiento por una nueva
Constitución. Y esa capacidad está presente y disponible. La magnitud del resultado permite ser
optimista de la capacidad social y política para escribir la Constitución del siglo XXI.
El triunfo representa la gran esperanza de iniciar un proceso de transformaciones por una vía
institucional. Cada país de América Latina deberá encontrar caminos de consenso para afianzar la
democracia y los derechos humanos, combatir la desigualdad y la pobreza, generar empleos
decentes, elevar la participación política, diversificar su actividad productiva con más tecnología,
educación e innovación, y proteger el medio ambiente.
Es un desafío gigantesco, que requerirá unidad de propósito, fuerza política y capacidad de
gobernar, para alcanzar más igualdad, sostenibilidad ambiental, avance educativo y tecnológico.
Es una tremenda oportunidad para reflexionar cómo cambiar las relaciones sociales, promover y
respetar los derechos, la diversidad, el feminismo, cuidar el planeta, desarrollar la digitalización al
servicio de todas las personas, y colaborar internacionalmente por una gobernanza global pacífica
y multilateral.
Por cierto, el articulado de una constitución no incluye fórmulas para abordar cada uno estos
problemas, pero proyecta el espíritu y los valores que una comunidad desea compartir, y establece
la estructura de poder institucional que permite recorrer el camino hacia la democracia, con respeto
de los derechos económico-sociales.
¿Como ayuda la prospectiva?
La constitución no es un programa de gobierno ni una lista de aspiraciones, pero define los valores
que inspiran a una sociedad y la estructura de poder para adoptar las decisiones democráticas.
La prospectiva puede contribuir a este debate constitucional en Chile. Es una ocasión imperdible
para aportar una reflexión de futuro, analizar los escenarios posibles y optar por los deseables. Es
el momento de recoger las aspiraciones ciudadanas a través de la deliberación organizada y
aprovechar la enorme conectividad digital para la consulta y participación amplia de todas las
personas.
Este debate constitucional, que aspira a trazar caminos largos, se beneficiaría de los estudios de
futuro y de una participación activa de los expertos en Prospectiva. El Consejo Chileno de
Prospectiva y Estrategia ha manifestado su disposición a colaborar en esta tarea.
Una prospectiva para la acción, vinculada a la política y a la ciudadanía
La prospectiva está evolucionando. Una de sus prioridades es cómo acercar el pensamiento de
futuro a las decisiones que deben adoptar los gobiernos, especialmente apremiados en medio de
las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia. Se trata de una prospectiva vinculada a
la política. Y para lograrlo es indispensable aplicar una metodología de consultas y debates amplios,
no de un grupo de iluminados, sino con las organizaciones de la sociedad civil. Se trata de una
prospectiva vinculada a la ciudadanía, que recoge sus visiones y aspiraciones.
Un resultado positivo de este proceso sería la instalación permanente de espacios de deliberación
sobre escenarios de futuro y estrategias alternativas, con participación de los distintos sectores de
la comunidad.
La incorporación de jóvenes es esencial, pues ellos deberán manejar el mundo en los años que
vienen.
Una reflexión conjunta sobre los futuros posibles y el futuro deseado ayuda a conformar una
sociedad más unida y solidaria, no una fragmentada y paralizada. Una deliberación permanente
sobre los escenarios permite advertir a tiempo las desviaciones e insuficiencias, y anticipar
soluciones, nuevos programas y políticas.
Para alcanzar éxito es esencial la voluntad de concordar, la disposición a la búsqueda de acuerdos,
respetando la conducción de la mayoría y los derechos de la minoría. Y ya sabemos que cuando se
piensa el futuro junto a otros, se acercan posiciones, pues se constata que la magnitud de los
desafíos obliga a colaborar entre todos los seres humanos para atenuar los riesgos y elevar los
beneficios compartidos.
Al impulsar la deliberación colectiva sobre el futuro, la prospectiva contribuye a los acuerdos y con
ello se va transformando en una prospectiva para la acción.

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