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Disrupción Digital. ¿Por dónde comenzamos?

Escrito por: Andres Jordan-Fundador y Chief Innovation Catalyst-Factor6, LLC Alexandria, VA, USA.

Los conceptos de innovación nacieron en mayor parte en respuesta a la disrupción causada por las tecnologías digitales. Estas mismas están cambiando el mundo y la competitividad de modos vertiginosos. Lo cual, hace necesario ampliar y actualizar nuestras perspectivas para poder adaptarnos a esta nueva realidad.

Debemos actualizar nuestro ADN y ser más abiertos a las nuevas “formas de ser” del usuario digital, y por consiguiente, considerar dicha experiencia en la formulación de nuestras estrategias ya sean corporativas o estatales.

Si nos enfocamos en el hecho de que al nivel más básico la tecnología esta despertando y agilizando el criterio creativo de los ciudadanos de maneras trascendentales, nos entrega una perspectiva que nos permite deducir la revolución que estamos viviendo. Así - a lo menos - podemos percibir las nuevas tendencias que están impactando nuestras sociedades.

Percibir y poder “bailar” con los conceptos de innovación y al mismo tiempo cultivar los aspectos positivos de las tecnologías digitales, posicionaría a Chile en un camino ya laborado por otros como Corea del Sur, Finlandia, Singapur. Un camino de gran éxito si lo hacemos de una manera organizada y asentados en mejores practicas y conceptos emergentes.

¿PERO POR DONDE COMENZAR?

Se comienza con una análisis de la situación actual –dónde nos encontramos- (nos encontramos en el continuum digital). ¿Cuáles son los atributos digitales de nuestras instituciones, lo poseen? ¿Si existen, cómo y dónde aportan a las experiencias digitales de nuestros usurarios-ciudadanos?

Estos atributos no son estáticos, y cambiarán rápidamente dirigidos por los mismos ciudadanos ya que son ellos quienes deciden como “experimentan o viven” la tecnología digital. La innovación es ahora un proceso que incorpora a los usuarios como co-desarrolladores, creando círculos “virtuosos” de colaboración.

Es importante reconocer, entonces, que ya no son las instituciones que deciden el futuro de los servicios de una manera estática. Es ahora el usuario, impulsado por las nuevas tecnologías y expectativas ágiles que se han generado por las mismas, quienes disponen.

Tenemos que darle luz, a aquellos procesos que impiden la habilitación de nuevos atributos y comenzar el proceso de transformación interno y necesario pare poder servir a nuestra nueva sociedad digital.

Es aquí donde entran los conceptos de innovación, ideados para agilizar la creación de nuevos servicios, de manera más complementaria a las nuevas modalidades.

PASOS A SEGUIR

Para implementar este proceso, a modo general, habría que determinar a niveles institucionales, preguntarnos: cuáles son los coeficientes de innovación presentes en cada institución, ¿cuál es el ADN de mi institución y cultura? ¿Entendemos los beneficios de la cultura digital? ¿Como podemos reorganizarnos para agilizar la adopción de herramientas digitales?

Se debiera conformar grupos a niveles ejecutivos (en caso estatal símil gabinete), con antropólogos, innovadores con experiencias en transformaciones digitales, neuro-cientificos y expertos en desarrollo de organizaciones, entre otros. Ellos debieran cumplir la tarea de examinar la institución de una manera profunda, con el objetivo de identificar dónde la cultura es excepcional, dónde no las son, dónde existen áreas de fricción, donde innovar, vía soluciones digitales.

El reporte final daría un matriz de las áreas con mayor aflicción, soluciones y planes de mejoras. Este grupo adicionalmente, suministraría ideas de cómo mejorar lo que se hace bien - así como buscar las mejores prácticas internas y externas- con el objetivo de desplegarlas y replicarlas en el resto de las instituciones.

Segundo, fundar sub-grupos de innovación compuestos por profesionales con experiencias diversas y abiertas. Agentes creativos con la habilidad de visualizar y conceptualizar nuevas estructuras y modelos de gestión utilizando conceptos digitales, quienes operarían como “embajadores digitales” con la misión de difundir los nuevos conceptos. Estos grupos estarían en constante comunicación con el grupo a nivel ejecutivo/gabinete.

Estos grupos –“tigre”- serán pre-seleccionados para encontrar aquellos individuos que no le temen al cambio y a la creación de ideas. Serán motivados vía incentivos modernos, ya que profesionales con estos perfiles no son únicamente motivados por dinero o propagación del ego. Tienen intereses filantrópicos motivados por querer mejorar la condición humana y desarrollar ideas en conjunto.

Tal como lo dice Jim Collins en su libro From Good to Great el quinto y más elevado nivel de liderazgo es aquel donde el ego no se interpone en el proceso de creación.

En este sentido, debemos comunicar el valor único y notable que traen estos agentes al desarrollo intelectual del nuevo mundo digital, debido a que según la experiencia de este autor, este tipo de profesional aún no es lo suficientemente valorado en nuestra sociedad, regida por ideas “análogas” de liderazgo. Ideas instruidas por conceptos jerárquicos y rígidos.

. Tercero, erigir centros/departamentos que apoyen y protejan la labor de los equipos “tigre” de innovación, debido a que puede suceder que el trabajo que realizan sea bloqueado. Sabemos que el statu quo es poderoso y no es fácil contrarrestarlo. Tenemos que reconocer y aceptar esta dinámica desde un principio, por ello, estos centros debieran tener línea directa a los más altos niveles para resolver cualquier impedimento o bloqueo de algún proyecto de innovación digital que haya sido aprobado. Al igual que los grupos tigres, la función de estos centros o departamentos, es la de expandir la transformación digital, vía promociones educativas y holistas.

La innovación va en respuesta a la disrupción digital, no es simplemente una necesidad, es un tema fundamental en un mundo digital, global y híper competitivo.

La implementación de estas y otras gestiones asociadas a la transformación digital, pondrá a Chile en un camino que es inevitable. Es el comienzo de una trayectoria que nuestro país debe emprender y comprender, es una vía necesaria en el nuevo mundo de disrupción digital.

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