MARCELO RAMÍREZ  Dr. Ciencia Política Miembro del Directorio del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia Chair Nodo Chile The Millennium Project

Escenarios después de la  crisis

La mayoría de los analistas, algunos más rigurosos que otros, han señalado  que la crisis política y social por la que actualmente atraviesa el país no tiene parangón con crisis ocurridas en el pasado histórico nacional, principalmente por lo disruptivo que ha sido el movimiento ciudadano, que ha tenido una cara mayoritariamente  pacífica y constructiva y, simultáneamente, otra cara caracterizada por la destrucción de infraestructura pública, en primer lugar, y luego, en un segundo momento y más dispersa, contra bienes privados. Se ha planteado que ha sido un movimiento poco predecible, aunque ex post, mucho analista ha centrado la atención en lo que podrían ser las causas de este complejo proceso: la desigualdad, en primer lugar, seguida por los abusos de la llamada élite, clase política y empresarios fundamentalmente, descrédito en las instituciones, segregación territorial (en la ciudad de Santiago particularmente), crisis de expectativas en las clases medias, ilegitimidad de origen de la Constitución y un largo etcétera.   

La chispa que enciende el movimiento social fue el alza de 30 pesos en el precio del pasaje del Metro de Santiago, definida por un grupo de tecnócratas y avalada por la autoridad política, lo que podría considerarse, en términos de su impacto, como equivalente al alza en el precio de los alimentos en Túnez, que da origen a las protestas sociales que se multiplican luego de la muerte de un joven de 26 años, Mohamed Bouazizi, quien se inmola luego de que la policía le cerrara ilegalmente su puesto de verduras y confiscara sus bienes, desatándo la Primavera Árabe a fines de 2010. Esto es lo que en prospectiva N. Taleb (2007) describe como un “cisne negro”, es decir, un acontecimiento disruptivo, no previsto, que tiene una alta capacidad transformadora, para bien o para mal. “Cisnes negros” recientes han sido por ejemplo el atentado terrorista a las Torres Gemelas, la elección de Trump en EEUU y quizás también la de Bolsonaro en Brasil. Todos estos hechos han generado perplejidad en las sociedades.  El mismo autor plantea una tesis más arriesgada y es que la historia de la humanidad se explicaría por estas disrupciones. Si bien esa es una idea más debatible, si parece acertado pensar que  la que la historia no se despliega ordenada y evolutivamente, sino que más bien da saltos, algunos de ellos cuánticos, que le permiten a la sociedad situarse en un horizonte muchas veces radicalmente distinto al inmediatamente precedente.

Al margen de las particularidades de la crisis política y social actual en Chile, no se puede ignorar que hay algunas recurrencias históricas que pueden contribuir a caracterizar y entender el fenómeno.  En los movimientos sociales mundiales que se desarrollan en 2010-2011, que parten en el mundo árabe y continúan con los movimientos de indignados por todo el planeta, ya están presentes algunas de las características de lo que ocurre hoy día en Chile: motivos que llevan a la acción muy diferenciados y fragmentados en cada colectivo, relevancia de las redes sociales en la convocatoria y difusión, ausencia de proyecto y liderazgos, carácter generacional y predominio de una alta dosis de incertidumbre*.  A esto habría que agregar el “efecto contagio”, variable exógena que seguro hace que el movimiento local se conecte con lo que está ocurriendo en la región (Ecuador, Bolivia y ahora Colombia) y en lugares tan distantes como Hong-Kong y El Líbano.

Otros analistas han intentado proyectar escenarios de futuro para la actual crisis, pero el ejercicio ha sido, contradictoriamente, de corto plazo, es decir más relacionado con evaluaciones tácticas o estratégicas.

Sumándonos a los esfuerzos de aportar a la interpretación de la crisis y a la necesidad de proyectar su evaluación para orientar las decisiones del presente, en las próximas páginas se realiza un ejercicio de construcción de 8 escenarios alternativos para el país.  Para estos efectos se utilizará, con cierta libertad, la propuesta metodológica de Peter Schwartz,  que permite visualizar entre 4 y 8 escenarios de futuro, a partir de la combinación de 2 o 3 ejes o categorías que a su vez están compuestos por una serie mayor de “factores de cambio”. Los 3 ejes que se utilizará en este caso se relacionan con el concepto de Cohesión Social que desarrolló hace más de una década la CEPAL.

La cohesión social se define como la dialéctica entre mecanismos instituidos de inclusión y exclusión sociales y las respuestas, percepciones y disposiciones de la ciudadanía frente al modo en que ellos operan. Este concepto estaría relacionado, en primer lugar, con el grado de confianza, adhesión y respaldo de la ciudadanía al sistema político y al ordenamiento socioeconómico, y, en segundo lugar, con el análisis de las condiciones socioeconómicas, medidas por la dinámica de brechas socioeconómicas y socioculturales, de protección y vulnerabilidad y de acceso al conocimiento (CEPAL, 2007). La operacionalización para la medición de la cohesión social que propuso la CEPAL para Latinoamérica, considera tres ejes de variables asociados a indicadores de brechas, sentido de pertenencia y de instituciones que median entre unas y otras.  Entre estas se encuentran parte de lo que, en el presente ejercicio, se puede considerar como los “factores de cambio” que pueden contribuir a generar escenarios alternativos. Estos factores serían, por el lado de las brechas, desigualdad de ingresos, pobreza e indigencia, empleo, educación, salud, vivienda, pensiones y brecha digital; en el caso de las instituciones serían funcionamiento de la democracia, instituciones del Estado, instituciones del mercado, familia; y respecto al sentido de pertenencia serían multiculturalismo, confianza, participación, expectativas de movilidad y solidaridad social.

El método utilizado permite visualizar escenarios futuros pero sin establecer una probablidad de ocurrencia de los mismos. Esa parte del ejercicio se debe realizar colectivamente por la que la dejaremos pendiente.

Previo a la presentación del análisis propuesto hay que señalar que Chile en 2018, de acuerdo a cifras del Banco Mundial,  tenía un ingreso per cápita a precios actuales de US$ 25.222,5 versus los US$ 16.582,7 que tenía como promedio América Latina y El Caribe, una cifra muy lejana de los más de 45 mil dólares promedio que muestran los países de a OCDE, pero relativamente cercana a países como Portugal (US$ 33.041,2), Hungría (US$ 30.673), el de Uruguay (US$ 23.530,6) y a algo de más distancia de Colombia que tiene un per cápita de US$ 14.999,4 con un modelo con muchas similitudes al chileno. Si la atención se pone en un indicador de desigualdad, el Índice de Gini, la comparación deja en evidencia una de las motivaciones más estructurales de la crisis chilena. Chile, de acuerdo al Banco Mundial, exhibe en 2017 un Gini de 46,6, Portugal de 35,5 (2015), Hungría de 30,4 (2015), Uruguay de 39,5 (2017) y Colombia 49,7 (2017).

Solo el análisis de estas cifras muestra que hay una discordancia significativa entre los niveles de crecimiento económico en Chile, el más significativo en la región en los últimos 30 años, y los niveles de inequidad que se pueden observar, que también se sitúan entre los más altos de la región, por lo que aquí puede haber una causa estructural evidente de la explosión social de octubre de 2019.

Volviendo al análisis con Ejes de Schwartz la combinación de los tres grupos de variables o categorías que operacionalizan el concepto de cohesión social de la CEPAL, permite visualizar preliminarmente 8 escenarios de futuro para el país, 7 de los cuales aseguran la reproducción de situaciones de conflicto político y social. Los 8 escenarios que resultan de la combinación simple de las tres categorías, ya sea estén en condición positiva o negativa,  serían:

1

Sociedad cohesionada y desarrollada

2

Desarrollo socioeconómico y de las instituciones con desintegración social

3

Equidad económica y social con debilidad de las instituciones

4

Desarrollo económico con bajo desarrollo democrático y desintegración social

5

Instituciones consolidadas y con adhesión ciudadana, pero sin resolución de brechas socioeconómicas

6

Instituciones  consolidadas pero con baja eficiencia en resolución de brechas

7

Crisis social por debilidad de instituciones y no resolución de brechas

8

Fracaso de proyecto político nacional

De lo anterior se concluye que la tarea que se avizora para la clase dirigente es extremadamente compleja, puesto que para lograr el escenario que asegura la estabilidad política y social se deberá diseñar e implementar una agenda política que permita resolver en gran medida todos los temas asociados a la necesaria cohesión social, puesto que en ese escenario se combinan en positivo los 3 ejes, es decir, en el que se ha logrado: a) Reducir las brechas en materia desigualdad de ingresos, pobreza e indigencia, empleo, educación, salud, vivienda, pensiones y brecha digital; b) Se ha logrado asegurar el funcionamiento de la democracia, instituciones del Estado, instituciones del mercado y familia; y, c) Se ha avanzado sustantivamente en la promoción del multiculturalismo, confianza, participación, expectativas de movilidad y solidaridad social.

La probabilidad de que este sea el escenario que enfrente Chile en la próxima década existe pero es limitada, pero para estimarla con menos margen de error se hace necesario el concurso de especialistas, ejercicio que, tal como ya señalamos, queda pendiente.

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